Y también los soñadores. Habían visto demasiadas cosas para quedarse con una sola. Tenían demasiada tendencia a lo sublime como para tocar de pues en el suelo. Cuando una sociedad está a punto de desplomarse suele aparecer un sabio estrato de gente que piensa, que piensa y nada más.¡Mas cómo se mofaron de ellos!¡Cómo los ridiculizaron! (...)
Se encontraban especialmente indefensos, sobre todo en su vida privada: no sabían doblegarse, fingir, ni amoldarse; cada palabra suya era una opinión, un impulso, una protesta. Esos son los que recoje la guadaña. Esos son los que acaban triturados como balas de paja.
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