
El siglo XVI devolvió a muchas personas lo que se le había quitado durante tantos siglos de oscuridad filosófica.
Renació el ser humano con todo su valor. Un valor que había sido degradado durante tanto tiempo debido al desarrollo de la sociedad del miedo propia de La Edad Media. El miedo a la muerte, a la guerra, al hambre, a la enfermedad, pero sobre todo a Dios. Un Dios poderoso y feroz que crecía en medio de una sociedad tan paranoica y aislada de la realidad.
Con el descubrimiento del Ser Humano, vino después, el apasionante desarrollo de la ciencia (tan enfrentados hoy el uno con el otro). La ciencia fue sin duda, una gran hazaña y a la vez un gran sacrificio de la humanidad.
El hombre y la mujer siempre han tenido que esforzarse para adaptarse a las circunstancias; desde el primitivo cazador en busca de comida y seguridad hasta el campesino que emigraba del campo a la ciudad, buscando una vida mejor, sencillamente, y sin embargo esa sencillez es con la que se ha escrito la historia.
Hoy, el mundo se viene abajo, literalmente. Aun a riesgo de recaer en un hecho repetido tantas veces que se ha convertido en un tópico.
El planeta tierra se muere. Otras veces nuestra especie estuvo a la altura de las circunstancias. Por ejemplo; allí donde sobrevivimos y fuimos capaces de destruir o transformar todo lo que se encontraba en nuestro camino para sentirnos más seguros, para comer, para procrear a gusto. Ahora en nuestro camino se encuentra, como un obstáculo a la vida, la destrucción de La Tierra.
Nuestra concepción del mundo todavía es esa en la que ‘’el hombre’’ es el centro de todo. Esa concepción surgió, de manera justa sin duda, como una corriente filosófica que se rebelaba contra el periodo anterior, que significaba todo lo contrario y a la que, en un momento dado, encontrábamos poco práctica.
Las circunstancias, desde entonces, han cambiado. Los primeros primates que se dejaban llevar por su intuición todabía eran ignorantes de lo que eran. El hombre moderno, sin embargo, tiene conciencia de la vida y de la muerte.
Tenemos que dar un nuevo paso. El ser humano, ya no es el centro de todo. Ha adquirido poder y control sobre todo lo que le rodea debido a la ciencia (a la transoformación del medio). No sabemos usar todo el poder que hemos creado. Tenemos que aprender a hacerlo, con un gran esfuerzo mental colectivo. Deberemos sacrificar muchas cosas, igual que sacrificamos tantas cosas en el pasado que ahora nos parecen ridículas. Podemos prescindir de tantas cosas que aumentan nuestra comodidad (para algunos al menos es así), pero son peligrosas, en conjunto, para la supervivencia de todos nosotros como especie. Porque sobrepasan los límites de lo que la tierra puede darnos.
Lamentablemente, el sistema ideológico basado en la demanda artificial de productos; que beneficia a unos pocos, a muchos los duerme y a muchos otros, les hace desgraciados, evita la superación de esta etapa de la historia.
El ser humano es muy práctico (y al fin y al cabo la ideología es la creación de conceptos abstractos a partir de esa acción práctica que repercute en nuestro beneficio). Pero antes de actuar, antes que un animal práctico,
el ser humano, es un observador. Pero parece que en la actualidad no tenemos tiempo para observar el mundo. Dedicados como estamos en cuerpo y alma a la satisfacción de nuestros placeres más inmediatos. Pero, sin embargo, y por mucho que nos cueste, tenemos que observar de nuevo nuestro alrededor para poder sobrevivir.