martes, 3 de noviembre de 2009

El todo en una parte



El barrio madrileño de Lavapiés o el Raval de Barcelona son dos ejemplos muy claros de lo que hoy vivimos como fenómeno de la inmigración. Un movimiento de miles de personas de todos los países que se han trasladado a nuestra tierra y que no dejan de llegar desde hace dos décadas aproximadamente.

Una nueva tendencia y estructura social de la cual los españoles ya somos claramente conscientes. Pero a la que reaccionamos de maneras diferentes.

Algunos grupos políticos pretenden dar marcha atrás a una tendencia social en realidad imparable. Son los grupos racistas. Sin embargo, los efectos negativos de estos grupos tienen más repercusión de la que imaginamos y que va más allá de la violencia que ejercen hacia los extranjeros. Lo más peligroso es la mezcla de ignorancia, terror e incomprensión que muestran muchos españoles de orígenes menos extremistas y que exageran cada vez más lo negativo de la inmigración. Sucumbiendo a un patriotismo patético que se expresa, sobre todo en los iconos del militarismo, banderas, tradiciones religiosas y cosas así.

El mundo ya da claras evidencias de su globalización. Esta situación requiere de un nuevo cambio de mentalidad porque no podemos poner barreras ideológicas a una realidad material que se impone por sí misma.

Además, la tendencia mundial al mestizaje es incuestionable. Quizás la intolerancia arraigada en las instituciones todabía puede reaccionar de manera violenta, debido a que los cambios sociales siempre desestabilizan los sistemas establecidos y muchos seguirán esta corriente. Pero tarde o temprano será desbordada por el peso de la realidad de la calle.

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